Pasada la jornada electoral, la primera reflexión, previa incluso a cualquier valoración de resultados, es que la lucha continúa. Y que, probablemente, no ha hecho más que empezar. La victoria del Partido Popular, y su amplia mayoría parlamentaria, no van a traer ningún milagro que borre de un plumazo la realidad del desempleo y de crisis económica. Muy al contrario, a la vista de lo explicitado en el programa electoral del PP (y, también, de lo que calla Rajoy), sabemos que vienen tiempos de más recortes sociales y ataques a lo público.
En este contexto, Izquierda Unida-Los Verdes ha obtenido sus mejores resultados en los últimos 15 años con más de un millón y medio de votos. Hemos consolidado la tercera posición nacional con 11 escaños y representación en cinco de las seis provincias más grandes. Vamos a ser la voz que más fuerte defienda en el Congreso la necesidad de una salida justa a la crisis.
Un resultado que también queda eclipsado por la vigente Ley Electoral, que resta, con el mismo número de votos conseguido, más de la mitad de la representación parlamentaria que con una proporción real deberíamos tener en el Parlamento. En concreto, 14 escaños menos.
Lo importante, lejos ya de celebraciones, y con los cerca de 5 millones de personas desempleadas, una economía completamente debilitada y toda una batería de recortes en prestaciones sociales, es que buena parte de la ciudadanía confía y espera otra salida de la crisis. El programa oficial de los dueños de la tijera empieza a tambalearse. El Partido Popular ha conseguido mayoría absoluta con un débil crecimiento en el número de votos y el Parlamento está, por primera vez en la historia de la democracia, más atomizado que nunca.
Este país necesita de una nueva estrategia social y necesita de la izquierda transformadora, la que percibe la magnitud de las consecuencias sociales que tiene y tendrá la coyuntura actual y en consecuencia, apuesta por una respuesta social.
Ni los recortes efectuados por el gobierno socialista, ni los recortes que va a llevar a cabo el nuevo gobierno popular van a hacer crecer el empleo, ni van a mejorar la situación de todas las familias que sufren las carencias evidentes de ser cada día más pobres y tener cada vez menor prestación asistencial pública. Los déficits públicos no crearon la situación económica que estamos atravesando y disparar contra lo que no ha sido el origen de la crisis mientras seguimos alimentando al ‘monstruo’ difícilmente hará que salgamos bien parados de ella.
Desde lo local, hemos de exigir al nuevo Parlamento y al Gobierno que de él salga, soluciones definitivas a la realidad municipal: los Ayuntamientos acumulan, a su histórico agravio como ‘parientes pobres’ de la administración democrática, el ser las instituciones que más fuertemente están viviendo la crisis.
No puedo terminar sin agradecer la confianza que en Rivas nos han dado casi 7.000 vecinos y vecinas, que han situado a IU-LV en nuestra ciudad con el mejor resultado de la Comunidad de Madrid.