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La alta velocidad también llega a las reformas

Jueves, 1 de Septiembre de 2011.

La ‘reforma express’ de la Constitución que el PSOE y el Partido Popular intentan sacar adelante, y que posiblemente hayan conseguido cuando este artículo vea la luz, tendrá su revalidación en el Senado como último paso en esta carrera sin sentido. Tanto unos como otros han decidido seguir siendo la punta de lanza de las grandes empresas, emporios y entidades financieras y mientras tanto, dejar de hacer política y olvidar, que representan intereses mucho menos espurios. Sin ir más lejos, los de la ciudadanía, la que les vota y la que no. 

La reforma constitucional que se traen entre manos impedirá mediante Ley orgánica, un déficit superior al 0,4 por ciento del PIB a partir de 2020. Ni la falta de consenso, ni el escaso apoyo ciudadano y de organizaciones y agentes sociales les ha hecho dar un paso atrás. Y es que el tema tiene miga y porqué no, un pequeño intento de desviar la atención. 

Que una Administración pública no pueda gastar más de lo que ingresa no parece en principio (ni en final) una fórmula descabellada. Si las condiciones fuesen perfectas, y esto es, cero fraude fiscal, una política fiscal redistributiva y derivada a gasto social, una tasa de desempleo mínima, servicios públicos de calidad máxima, etc, entonces, posiblemente, sería una variable más que exigible. Sin embargo nuestra realidad es bien distinta: más de cuatro millones de parados y paradas, falta de medidas contra el fraude fiscal y la cada vez más escasa inversión en política social, por citar algunas. En general, el despilfarro y los desmanes: la especulación con Deuda pública. 

Todos los análisis de deuda y estudios a los que nos tienen sometidos las mil y una agencias de calificación de crédito y que marcan el rumbo de la economía actual, no analizan el origen del caos. Un olvido raro. A nadie parece importarle el origen de la actual crisis, sus causas, y el porqué de la situación actual. Para qué buscar un culpable, cuando podemos poner un parche, hacer como si nada y mirar para otro lado. Con más razón, si saben que ya hay quien va a pagar este desaguisado: la ciudadanía ‘rala’, las clases menos pudientes. 

Por eso, el objetivo de la reforma que acometen no es fijar un techo de déficit, sino pagar la deuda y los intereses generados. La misma deuda que nos ha llevado a la situación actual. La que no se ha gastado en inversión pública ni en el pueblo, la que nadie sabe donde está. Y es que jugar al Monopoly es lo que tiene: que la Banca nunca pierde. 

Lo razonable es que ahora, tras los desmanes, sea el mismo pueblo al que se le han ‘birlado’ todas esas cantidades, el que decida el qué, el cómo y el cuándo. Y que de una vez por todas empecemos a pensar en cómo dar un giro de tuerca al sistema que nos ha llevado al fracaso, en cómo dar una vuelta a la economía actual. Se me ocurre, empezar por volver a la productiva, y de ahí, cambiar el sistema hacia una economía social o introducir los ajustes para acercarla. La economía del Monopoly, a la que algunos han jugado bastante, no ha funcionado. Era imposible que lo hiciera. 

El concepto de patriotismo tiene muchas vertientes. Y escatimar gasto social, defraudar impuestos, anular a la ciudadanía y no respetar sus intereses, no puede ser una de ellas. 

Ahora resulta que la Constitución, la misma que hasta hace unos días era prácticamente intocable, en donde sólo mentar la palabra cambio suponía un ultraje al más alto concepto de patriotismo, ya no lo es tanto. 

Hay unos conceptos y una ideología, que son los que nos han sumido en una crisis financiera, económica y social sin precedentes. No es de recibo entonces que sigamos contentando y sustentando el error, que sigamos alimentando la causa y sus causantes. El siguiente paso es que el 20N, en la cita con las urnas, nos encontremos con las papeletas del BCE, del Santander, Bankia, Standard & Poor´s, Moody´s, BBVA, etc. Eso sí, a la salida del colegio electoral, al menos, nos regalarán unas toallas de playa o la batería de cocina. A este paso, todo va a ser posible. Mientras tanto, y en la política, sigue habiendo alternativas.

Autor:  Pedro del Cura Portavoz IU-LV Rivas
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